SEÑOR CIVILA LÓPEZ (Gonzalo).- Señor presidente: antes de comenzar con los aspectos que quiero desarrollar en mi intervención, voy a hacer dos puntualizaciones. En primer lugar, la forma en la que algunos señores representantes de la oposición deslizan en sus intervenciones sus acusaciones, sus discrepancias, y hablan de ineficiencias, ineptitud y corrupción, realmente me preocupa. Creo que se habla con mucha ligereza de algo que es grave, que se sostiene sin una sola prueba, en el momento en que, además, se está desarrollando un proceso parlamentario en una comisión investigadora sobre este tema. Supongo que cuando sostienen lo que sostienen, no se refieren a una decisión de pagar US$ 5.000 por allí, votada por el directorio, incluso por los directores de la oposición porque, si no, se estarían acusando a ellos mismos de corrupción. Así que me parece que hay que ser un poco más cuidadosos con las cosas que se dicen, porque se pone en juego la ética, la honorabilidad de compañeros, de personas, que tienen una vida, una trayectoria pública, y que no pueden ser mancillados de esa manera sin pruebas. Que se espere el trámite que se está haciendo; que se espere el resultado de la comisión investigadora. Si alguien quiere ir a la justicia, que lo haga, y que se dictamine lo que haya que dictaminar. No me parece que eso aporte al debate que estamos dando hoy.

En segundo término y no menos importante, quiero referirme a un planteo que se hizo al inicio de la sesión sobre la Federación Ancap, algo que ya mencionaron otros compañeros. Realmente, repudio que se trate a un sindicato con la trayectoria, la honradez y la capacidad de lucha y de aporte de la Federación Ancap de sindicato amarillo y cómplice. Tengo en mi poder ‑y las estoy leyendo desde hace un rato‑ unas cuantas hojas que son propuestas de la Federación Ancap sobre la situación de la empresa pública Ancap, muchas de las cuales son coincidentes con consideraciones que hacemos compañeros que integramos este Gobierno y otras no lo son. Así que me parece que, por respeto a la lucha desinteresada de muchos compañeros en ese sindicato que tiene una larga historia y, además, un presente que también debemos valorar ‑porque las organizaciones sindicales también hacen a la vida democrática de un país‑, se debería rectificar quien dijo eso, quien acusó de esa manera a ese sindicato aquí en Cámara.Dicho esto, voy a dividir mi intervención en tres partes. En primer lugar, quiero enfocar el origen histórico y social de Ancap como empresa pública. En segundo término, me voy a referir a los precios, los costos y las ganancias de Ancap, a la cuestión del balance, que ha estado discutida acá. Y, en tercer lugar, voy a hablar de este proyecto de capitalización y del futuro de esta empresa pública. Lo voy a hacer como puedo y como sé. Hace un rato, un señor diputado dijo que había que hablar en los términos que la gente entiende. Si hablar en los términos que la gente entiende es agraviar, descalificar, decir que son unos ineptos y unos corruptos, esos términos no los voy a usar. Trataré de desarrollar argumentalmente una posición y de trasladar lo que he podido entender sobre este tema, porque nuestro pueblo entiende bastante más de lo que algunos piensan que entiende; yo no lo subestimaría tanto, porque siempre que se lo subestimó, los que lo subestimaron, después se llevaron alguna sorpresa.Con relación al primer punto, al enfoque histórico, social, sobre el origen de Ancap, cabe señalar que este ente se origina en el marco de lo que podríamos denominar una experiencia bonapartista, una experiencia de sustitución de una clase social incapaz de cumplir un rol histórico de desarrollo del país por el aparato del Estado. Eso pasó en el Uruguay bajo el batllismo: una pseudoburguesía nacional, una burguesía nacional que no era capaz de llevar al desarrollo en términos capitalistas al país, sustituida por un aparato estatal que intentó desarrollar las inversiones y las condiciones para que el país se desarrollara. Ese es el origen del estatismo batllista: un Estado empresario, un Estado que en un país semicolonial, dependiente, como el nuestro, permitió intentar un desarrollo capitalista nacional, en oposición al capital imperialista. Esa es la clave que está en la concepción de la empresa pública Ancap.Los diputados Luis Batlle Berres y González Vidart fundamentaron el proyecto de creación de Ancap a través de la tesis del estado industrial, que está directamente relacionada con esto que yo estaba planteando recién desde una perspectiva marxista, que es la perspectiva desde la cual leo la historia. Ancap es la manifestación más trascendente del capitalismo de Estado uruguayo y, además, la última al filo de la crisis que, entre otras cosas, se traduce muy poquito después en el golpe de Estado del 31 de marzo de 1933. El doctor Eduardo Acevedo, teórico batllista del capitalismo de Estado, fue el primer presidente de Ancap.¿En qué contexto se produce esta creación, este intento? En el contexto del crac mundial y de sus terribles consecuencias, que había que enfrentar, y en el contexto de una dictadura económica internacional organizada por dos grandes grupos económicos petroleros desde 1928: la Standard Oil y la Shell. Estos grupos participaron activamente ni más ni menos que en el derrocamiento de Yrigoyen, en Argentina, que quiso crear YPF en el año 1927 con una perspectiva similar a la del batllismo en Uruguay y no se lo permitieron.¿Qué pasó luego de la creación de Ancap? Que nadie piense ‑todos lo sabemos‑ que fue una creación sin oposición. No; hubo una oposición muy grande a la creación de Ancap, inclusive dentro del Parlamento nacional, de parte de algunos sectores que hoy están representados aquí, en esta Cámara. Estas perspectivas sobre la vida del país, que no estoy calificando ni descalificando, estas distintas visiones sobre el desarrollo del país están en el ADN del Uruguay y siguen estando presentes. ¿Qué pasó después de la creación de Ancap? Después de la creación de Ancap vinieron los acuerdos secretos con las empresas extranjeras durante la dictadura de Terra. También vino la ley Baltar, que se desarrolló durante la dictadura de Terra, que impedía a Ancap consolidar su monopolio. La ley de creación de Ancap establecía que sería monopólica cuando llegara a producir el 50% de las naftas en el Uruguay. La ley Baltar decía que los entes autónomos no podían generar monopolios, que eso debía ser aprobado por dos tercios ‑se sabía que esas mayorías no existían‑, impidiendo así la consolidación del monopolio.Este corte atraviesa la historia del país. A esta circunstancia histórica que se da durante la dictadura de Terra se refieren las compañías extranjeras que operaban en el Uruguay cuando afirman, publican y escriben lo siguiente: “Había en la República un gran núcleo de opinión que pensaba que no era el momento de ir a la implantación de nuevos organismos estatales o al desarrollo de la actividad oficial en nuevos campos y que en el campo de la política internacional se resistía a afectar intereses provenientes de países amigos que en la vida comercial de la República eran sus mejores clientes”. Los países amigos eran los países imperialistas con los cuales estaban directamente relacionadas estas grandes empresas petroleras. Así que esta historia es de larga data.Y siguió, siguió mucho más cerca, siguió en los años 1992 y en 2003, cuando batallamos contra ese intento de privatización encubierta. Y sigue, y sigue: están los que quieren liberalizar, porque dicen que los monopolios del Estado, públicos, no sirven para nada y que las empresas públicas no deberían existir, y estamos los que sostenemos que las empresas públicas son fundamentales para el país. Quizás desde una perspectiva batllista, pueden sostener algunos, quizás desde una perspectiva de izquierda, distinta, podemos sostener otros. Pero, sin duda, estas dos perspectivas, con sus matices, están presentes en la vida del país, como estuvieron presentes a lo largo de toda su historia.Dicho esto, paso al segundo punto: la cuestión de los precios, los costos y las ganancias y, a partir de esto, del balance de Ancap. Encontré por ahí, buscando, una discusión entre Lacalle Pou y Amorín Batlle, del 9 de setiembre de 2003. Se dio en el contexto del año 2003, cuando estábamos en plena campaña para que Ancap no se privatizara. Lacalle Pou habla de los perjuicios que causan los aumentos de las tarifas y de los combustibles, y endilga esto al Gobierno del Partido Colorado, que en realidad era de coalición, en ese momento con algunos problemas. Decía que los distintos directores nacionalistas en los entes autónomos habían planteado la necesidad de que no se aumentaran las tarifas de las empresas públicas porque esto era malo para la población y para las propias empresas, ya que cuando aumentan las tarifas la gente consume menos y eso termina redundando en perjuicio de las empresas que supuestamente se quieren defender subiendo las tarifas. Amorín Batlle le responde que entiende que las empresas públicas no deben beneficiar especialmente a quienes hacen uso intensivo de ellas, sino, por el contrario, deben beneficiar a sus propietarios, que somos todos nosotros; que este dinero tiene que ir al Estado para que este lo redistribuya entre todos los uruguayos y no entre quienes hacen uso intensivo de sus productos. En definitiva, justifica el aumento de los precios para después redistribuir, por la vía de Rentas Generales, esos dineros en otros servicios o políticas públicas.Este debate entre Amorín Batlle y Lacalle Pou se produce en el año 2003 pero es un debate que atraviesa la historia de las empresas públicas en el Uruguay: el debate sobre los precios y sobre la relación de los precios con la sustentabilidad de las empresas y con las rentas generales del país. ¿Qué privilegiamos? ¿Cómo lo pensamos? Es un debate interesante. Hoy se está dando otra vez.Yo quiero hablar de la importancia de Ancap para el Uruguay. Acá se dijo que Ancap es una empresa que no genera valor. Tengo los datos de los últimos años: desde el 2005 no hubo año que Ancap aportara menos del 1% del producto bruto interno del Uruguay. Si eso es una empresa que no genera valor, que me digan qué empresa lo genera. En definitiva, esta empresa pública genera más valor que cualquier empresa privada dentro del territorio nacional: genera más valor que UPM y que Pepsi, y valor similar al que generó Montes del Plata. En 2005, 1,37%; en 2010, 1,58%; en 2006, 1,13%; en 2012, 1,27%; en 2014, 1,22%; Ese es el aporte de Ancap al producto bruto interno del Uruguay. Si Ancap no generara riqueza, no me explico estos datos.Cuestión aparte es el balance de la empresa pública Ancap, que ha tenido un deterioro ‑ciertamente, y aquí se ha hablado de eso‑ por distintos factores. Creo que el fundamental ‑lo voy a decir aquí porque así lo pienso‑ es la política antiinflacionaria que ha llevado a cabo nuestro Gobierno y que ha tenido a las tarifas de Ancap, a los precios de los combustibles como uno de los componentes de las variables para llevar adelante las metas que la política fiscal en materia de inflación se ha marcado. Creo que esa es la explicación fundamental.Hay también un componente que tiene que ver con el endeudamiento en dólares y con los plazos de ese endeudamiento. Cuando discutimos aquí un proyecto para reperfilar parte de la deuda de Ancap, tampoco contamos con el voto de la oposición. Fue en esta legislatura.Otro componente importante lo constituyen los costos de distribución, que aumentaron; sí, aumentaron.(Suena el timbre indicador de tiempo)——La masa salarial de los trabajadores de Ancap aumentó, pero casi igual a la masa de trabajadores del país. Todo esto, en un contexto de inversiones muy grandes. Aquí se han dado los datos. Fueron enormes inversiones, algunas sin retorno económico inmediato, como la desulfurizadora, que es antes que nada una inversión ambiental imprescindible para dar continuidad al trabajo de la empresa. Los biocombustibles ‑cuya producción es más costosa que la del resto de los combustibles, es verdad‑ generan actividad y empleo.Aquí puede haber quien sostenga que es mejor importar combustibles. Importar combustibles, desde la perspectiva de alguno de nosotros, es ir contra la soberanía del país. Eso sí que es incierto desde el punto de vista de los precios, eso sí que es incierto desde el punto de vista de nuestra soberanía energética. Nosotros creemos en el papel de las empresas públicas como parte de la soberanía…SEÑOR CIVILA (Gonzalo).- ¿Me permite una interrupción?SEÑOR CHIAZZARO (Roberto).- Sí, señor diputado.SEÑOR PRESIDENTE (Constante Mendiondo).- Puede interrumpir el señor diputado Civila.SEÑOR CIVILA (Gonzalo).- ¿Cuánto tiempo me queda, señor presidente?SEÑOR PRESIDENTE (Constante Mendiondo).- Le restan siete minutos, señor diputado.SEÑOR CIVILA (Gonzalo).- Muy bien.Quería concluir con mi intervención anterior. En realidad, me quedaba una última parte, referida a este proyecto y al futuro de Ancap. Respecto al balance, me asesoré con algunos compañeros que entienden bastante más que yo de estos temas y me aclararon algunas cosas.En primer lugar, la referida y ya manida relación deuda‑ patrimonio a la cual se hace referencia para explicar la situación de Ancap es un mal reflejo de la situación de solvencia de la empresa.Voy a leer un ejemplo: si tengo una empresa cuyo capital aportado por los socios es de 10 y contrae un crédito para realizar una inversión por 100, esta inversión genera contablemente un incremento del activo por 100 y, a su vez, un incremento de pasivo por 100, ya que se endeuda para realizarla. Patrimonialmente, antes de la inversión tenía 10 y luego de la inversión también tiene 10 y, sin embargo, el ratio deuda-producto antes de la inversión es 0 y luego es 10, ¿esto implica que se deterioró? Es relativo, probablemente lo que se deteriore es la posibilidad de contraer nuevos créditos. Por eso es importante encontrar salidas para la situación financiera de la empresa, pero no es el mejor indicador de su solvencia. Podemos buscar otros indicadores bastante más elocuentes que estos.Además, quería referirme a lo que en economía se denominan monopolios naturales. En el caso de los monopolios naturales, la existencia de más de una empresa en un sector de actividad, por la escala del mercado, es inconveniente desde el punto de vista económico. O sea, son casos en que, por las características del mercado, una sola empresa produce a un costo menor de lo que producirían varias empresas en competencia. Esto sucede por el monto de las inversiones que hay que realizar para desarrollar esa actividad, por ejemplo en un mercado de escala chica, por la escasa cantidad de consumidores, por la dependencia de algunas materias primas, características que en el caso de Ancap se verifican. Me refiero a mercados chicos, materia prima importada o inversiones de alto costo para desarrollar esa actividad. O sea que Ancap podría estar dentro de lo que se denomina un monopolio natural, que no es un monopolio más: se trata de un monopolio que tiene una razón de conveniencia económica. Si hubiera más de una empresa en competencia, las empresas que estuvieran compitiendo en este sector tendrían mayores costos que una empresa sola produciendo en ese sector de actividad.Estos monopolios naturales tienen una característica: hay una teoría de regulación de los monopolios naturales que establece que el precio óptimo de lo que producen es equivalente al costo marginal. ¿Qué es el costo marginal? Es el costo por producir y vender la última unidad producida. Esto implica, en general, producir a pérdida. Es decir, habitualmente, los monopolios naturales producen pérdidas, no producen ganancias. Esto tiene que ver con un problema estructural de ese sector de actividad y del tipo de monopolio que se desarrolla. ¿Cómo se revierte esto? Se revierte con un apoyo del Estado. Estos monopolios son públicos. Se revierte con un Estado capitalizando. O sea, la capitalización no es un accidente; es una necesidad en el caso de estos monopolios. O se capitaliza o la empresa, más temprano que tarde, deja de existir. ¡Claro!, si uno no invierte absolutamente nada, si pasan décadas de desinversión, como pasó en Uruguay en el caso de Ancap, no se necesita capitalizar porque la empresa se muere por inanición.Entonces, acá hay dos opciones: si se quiere invertir y desarrollar Ancap el Estado tiene que capitalizar Ancap, porque por las condiciones que tiene este negocio en el Uruguay, con un monopolio de este tipo, necesita apoyo del Estado para funcionar. Esto es por una razón de conveniencia y de soberanía. La otra opción sería importar los combustibles refinados. Esta última opción hoy podría considerarse conveniente por una razón de precios circunstancial, pero mañana puede ser absolutamente inconveniente y en términos de soberanía es muy negativo para el país, porque lo hace vulnerable. Es muy incierto, porque la evolución de esos precios no depende en absoluto del país sino del mercado internacional y es, en definitiva, un factor más de dependencia.Este debate hay que darlo en profundidad. Esta capitalización no es cualquiera, no estamos capitalizando bancos fundidos para que se lleven la plata a las casas matrices, como se hizo en Uruguay en otro momento. Acá hay bancadas que nos están hablando de lo terrible que es capitalizar Ancap con dinero del Estado, o sea un trasiego de recursos de rentas generales a Ancap que no afecta el resultado fiscal global del Estado, tal como dijo la señora ministra de Industria, Energía y Minería con mucha precisión.(Suena el timbre indicador de tiempo)——Nos están hablando de eso y no se hacen cargo de que capitalizaron bancos privados fundidos para que se llevaran la plata a sus casas matrices en plena crisis de 2002 y algunas historias anteriores que no me da el tiempo para recordar.Gracias, señor presidente.

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